Olimpia: visitando los dioses del deporte

Hay ciudades que han sido recordadas por su historia. Pero hay otras que han sido la historia de la humanidad; así es que uno tiene el objetivo de conocerlas, y con ella volver el tiempo atrás. Olimpia es sin dudas una de esas ciudades. Maravillosas, históricas, entre terrenales y misteriosas, entre tranquilas y bulliciosas.

El crucero que elegimos para nuestras vacaciones nos proponía 7 noches de puro placer partiendo desde nuestra hermosa ciudad de Venecia. Además de lugares de Grecia, estaban previstos lugares de Turquía. Así fue que no lo dudamos ni un segundo y nos decidimos por poner nuestras maletas en ese gigante barco con capacidad para 3780 pasajeros. ¿Pueden imaginarse eso? Tal es así que quedé fascinada de todas las comodidades: spa, casino, 3 piscinas, cancha de tenis. Un teatro, bares y hasta un lugar bailable. Nada que envidiarle a las mejores ciudades del mundo.

Olimpia

Olimpia

De la modernidad al pasado

Para equilibrar tanto lujo y tanta producción moderna, nos internamos en un viaje a través del tiempo. Así fue que en nuestro viaje, en uno de los días más emocionantes, llegamos al puerto de Katalokon (Grecia) y decidimos hacer la visita a Olimpia. Magnífico, imperdible, sin lugar a dudas una de las ruinas mejor conservadas y más emotivas que haya visto jamás (si, no puedo negar que Chichen Itza y Machu Pichu constituyen una de las grandes maravillas; pero esto es distinto).

Apenas uno llega puede imaginar que allí han sucedido inmensidad de historias, de sucesos que fueron conformando la actualidad.
El hecho de haber sido el espacio donde se celebraron los Primeros Juegos Olímpicos de la historia le genera un escalofrío hasta al más viajado y lector de aventuras. Es posible detenerse en la inmensidad de lo que fuera entonces ese gigante estadio y soñar con que los dioses lo acompañan.

Un santuario deportivo

Desordenados, como si la historia hubiera pasado recién yacen en el santuario de Olimpia los restos de las construcciones que fueron parte del pasado.

Llegamos al Templo de Zeus, allí donde otrora se posaba una estatua del Dios mitad marfil, mitad oro, nos quedamos perplejos por la inmensidad y la paz del lugar y por haber estado nominada como una de las siete maravillas del mundo. Los juegos eran dedicados a su honor y ello hacía que su importancia creciera junto con la de Apolo.

Gracias a las excavaciones realizadas en el siglo XIX fue posible estar hoy considerando estas magníficas piezas.

Palestra

Palestra

Al llegar a la Palestra (lo que fuera el centro de entrenamiento) nos detenemos en sus columnas y en el verde que aflora por todos los rincones de un césped único. Dicen que se trata de un santuario único, destacado por su entorno y por el lugar que actualmente se le dedica.

El recorrido continúa entre restos y secretos. Entre historias y asociaciones con lo que uno va escuchando a lo largo de los años, y al llegar aquí se vuelven tan reales como los escombros mismos.
Antes de que caiga la noche, retomamos nuestro camino hacia el Puerto y ya desde el barco, me quedo pensando si la historia siempre habrá de dejarnos un signo de pregunta para el futuro.

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